domingo, 10 de enero de 2016

Colonizaciones interiores



Tendría que haber ido antes al Matadero para ver la instalación/ proyecto La colonización interior de Abelardo G. Fournier, a quien sigo y admiro desde hace años, pero no he podido hasta el último día. (los interesados pueden consultar la página que abre el vínculo). Ingeniero-filósofo-artista, ha preparado una compleja obra donde rememora el reordenamiento del mundo rural que realizó el Instituto Nacional de la Colonización franquista desde 1939 a 1973. Fue una intervención que llevaba el sello del pensamiento social fascista-falangista de dar a los pobres una casa y una huerta, junto a los símbolos y la sumisión al estado. La obra del Instituto implicó una intervención compleja que comenzaba (es un dato que extrae Abelardo de los archivos) en las fotografías aéreas de la aviación norteamericana, ya desde 1944, mucho antes de los acuerdos del 56, seguía en una planificación, ordenamiento y transformación de territorios baldíos y continuaba en el traslado de poblaciones de jornaleros a los nuevos pueblos de colonización. Se conocían en España porque todos llevaban un adjetivo después del nombre "(....) del Caudillo".

Lo que me importa de esta historia es cómo ha planteado su obra de arte ingenieril Abelardo. Ordena múltiples objetos, desde piedras, televisores, mapas, varios algoritmos de extracción de información de los mapas, en fin, una ecología de artefactos que se relacionan con una idea: ¿qué tienen que ver la representación de los territorios, las pantallas, los mapas y la colonización? Pues las colonizaciones, como subrayan los textos que acompañan a la exposición, son exteriores a veces (la metrópoli y las colonias), otras interiores (el poder coloniza a sus súbditos) y otras, finalmente, interiores en un nuevo sentido: dispositivos que colonizan nuestra identidad. Todo eso se articula en esta muestra improbable de dispositivos que mezclan los algoritmos de Google, los mapas digitales, las fotos norteamericanas, las publicaciones del Ministerio de Agricultura, piedras traídas del campo, y otras composiciones en las que participan varios invitados (Sandra Santana, con una idea poética sobre fotrografías). El punto es una arqueología de las pantallas en las que vivimos en un viaje de ida y vuelta desde las piedras (así es el campo sin colonizar, un baldío de piedras) a las pantallas.

Estrella de Diego trabajó esta idea en 2008 en su Contra el mapa, pero la propuesta de Abelardo G Fournier me parece más extensa y profunda. La unión de los mapas y la colonización tiene una larga historia que nos remonta a la cultura material de la modernidad (mucho más allá, claro, pero por el momento solamente me interesa este punto de inflexión). Es sabido que la modernidad barroca comienza con la gran metáfora, de hecho el gran modelo, del libro: el libro de la naturaleza, de Galileo. Que el libro sea un modelo del mundo, es decir, que el mundo sea un libro de sí mismo fue una idea poderosa. Ordenó el comienzo de la ciencia: la naturaleza puede ser estudiada porque ella misma es un compendio de signos que nos llevan a otros signos en una continuidad interminable. Así nació la ciencia y sus teorías como mapas de la realidad. La Biblia deja paso al Atlas como nuevo artefacto de representación. Por ejemplo, los atlas de anatomía que relacionan el levantamiento de las múltiples capas del cuerpo con su imagen dibujada. Los atlas fueron el principal artefacto militar de la modernidad. La lucha por el territorio comenzaba con la lucha por el mapa, como escenifica el Tratado de Tordesillas entre los imperios portugués y español. ´

No se ha notado suficientemente que también el sujeto (al fin de los dioses, sostiene Charles Taylor le sucede el origen del sujeto moderno) es también un libro de libros. Don Quijote es, sin lugar a dudas, la gran obra que inaugura la teoría moderna del sujeto, que vive entre el mundo y la representación porque su conciencia se ha constituido como biblioteca. En fin, mapas y libros se organizan en la modernidad en un entredós entre la realidad y la representación, o entre la representación y la realidad para dar cuenta de la nueva metafísica. Aunque Heidegger identificó la modernidad con la conversión del mundo en imagen es mucho más exacto pensar que fue su conversión en libro lo que inaugura un nuevo contexto cultural.

Es aquí donde el trabajo de Abelardo cobra un interés inmediato: ¿qué ocurre con la invención de las pantallas? No ya de la digitalización (que, al fin y al cabo es una suerte de transformación de la energía que nace de los circuitos y los transistores) sino de la pantalla en sí como un dispositivo que tiene una potencia metafórica tan intensa como el libro. Mil pantallas, decía José Luis Brea, que nos rodean incansablemente, que se convierten no ya en una herramienta sino en lo que el idealismo llamaría una mediación, un entorno que hace posible el contacto con la realidad, del mismo modo que el atlas permitió a navegantes, colonizadores, médicos y políticos conquistar el mundo moderno.

Que la pantalla sea el nuevo dispositivo de colonización es, estoy convencido, una idea poderosa que debemos investigar en todas sus múltiples conexiones. Más allá de su "moralización", como ocurre con los aburridos discursos del "homo videns" y cosas parecidas. Si la gran metáfora de lo social-moderno está inscrita en el grabado que presenta el Leviathan de Hobbes: un mapa de la multitud, la pantalla, que permite extraer información oculta, es ahora la nueva fuente para nuevas maneras de filosofía política. Abelardo muestra, usando algoritmos google, cómo la imagen puede ser tratada en estadísticas que permiten ver lo oculto: algoritmos sobre palabras, cuando digitalizamos un libro o cuando escribimos en internet, algoritmos sobre formas y tamaño del territorio, que permiten la exploración de los recursos minerales o energéticos, algoritmos sobre casas y cosas, que permiten las nuevas formas de guerra. La pantalla es, al final, la trama de la que están hechas nuestras identidades, cada vez más en los bordes, entre la colonización y la frontera donde nuestras espaldas mojadas tratan de escapar a los dispositivos de control.

Nada es casual. Hay finos hilos que nos llevan desde los textos y obras de los fascistas españoles y las fotografías de la aviación americana a los algoritmos google. Estamos esperando que alguien escriba el nuevo Don Quijote.

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