domingo, 31 de julio de 2016

Tal como éramos









Estaba dudando entre dos temas para la entrada de esta semana. Una opción era darle la vuelta a un artículo misógino e idiota de Arturo Pérez Reverte, "Mujeres como las de antes"  que ha suscitado en las redes un más que justificado rechazo. Pretendía, sí, recordar a mujeres de las de antes, que abrieron caminos y nos abrieron los ojos a los varones de entonces. Pensaba hablar de Susan Sontag, una entre miles de mujeres luminosas que hubieran hecho enrojecer a este personaje del establishment mediático. La otra opción era comentar algo el intenso curso sobre la universidad actual, el neoliberalismo y sus perversiones que hemos disfrutado los pocos asistentes en Jaca, organizado por Manuel Bedia y David Pérez Chico, cuya voluntad puede con el poder siempre. He decidido no decidir y hablar de ambas cosas: mujeres que, como representa el cuadro de Remedios Varo (ella fue una de esas mujeres de las de antes que quizá nuestro académico no apreciaría), son capaces de pilotar el bote en el que los varones nos movemos en la niebla de la historia. Para no decidir, querría subrayar en colores el nombre de mujeres intelectuales que están modificando la universidad contemporánea en una dirección distinta a la del neoliberalismo abriendo espacios de posibilidad contra el determinismo imperante.

He pensado muchas veces sobre este poema de Jorge Riechmann que expresa con precisión lo que sentimos quienes habitamos en las instituciones (la universidad en mi caso) y queremos cambiarlas con desesperanzada esperanza:

No dejes nunca de desconfiar de las instituciones
No dejes nunca de confiar en las personas
No dejes nunca de confiar
en que las personas
crearán instituciones
en las que quizá podrás dejar de desconfiar
No dejes nunca de desconfiar
en que el triste proceso
por el cual las instituciones
cambian a las personas
pueda ser cambiado
No dejes nunca de confiar en las personas
No dejes nunca de desconfiar de las instituciones
Cuando se habla o escribe de la institución universitaria (española particularmente) salen a flote dos opiniones contrapuestas. La primera, la más extendida entre el profesorado medio, desmoralizado y hastiado es "esto no hay quien lo arregle, la universidad no tiene remedio". La otra, que surge en ambientes neoliberales y de profesores de éxito: "esto se arregla muy fácilmente, basta con traer a investigadores de talento y dar incentivos económicos a quienes publiquen más". De un lado quienes han renunciado a cambiar la institución, del otro quienes creen en las recetas muy sencillas que han sido promocionadas desde hace dos décadas.

La universidad ha entrado en una deriva nueva desde que las grandes instituciones supranacionales, el FMI, la Organización Mundial de Comercio y el GATS (General Agreement on Trade and Services) declararon en 1983 que la educación superior era un servicio sometido a las mismas desregulaciones que cualquier otro. Las universidades se convirtieron de instituciones educativas en instituciones proveedoras de servicios (educativos). Se entró así en una fase nueva mercantilizadora donde las universidades se han ido cada vez más pareciendo en la música y la letra a los equipos de fútbol, con sus ligas, campeonatos, fichajes estrella y, sobre todo, sometidas al principio de "el ganador se lo lleva todo": miles de aspirantes a jugadores de los que sólo una docena llegarán a ser visibles.

No sabemos adonde irán el fútbol y la universidad en esta era de la globalización y la desregulación, pero sí podemos hablar ya de cosas que se han quedado en el camino: el conocimiento considerado como un bien público, la educación superior como un instrumento igualador contra las crecientes diferencias de clase, la independencia del profesorado y, sobre todo, la dignidad laboral, pues hemos entrado en una nueva fase de una minoría privilegiada de talento y excelencia investigadora y una mayoría de trabajo precario encargada de las pesadas tareas de la educación y la gestión.

Contra quienes creen que la marea del destino no puede resistirse, que ya todo está escrito y que, en todo caso solo queda alguna suerte de nostalgia de los tiempos perdidos, nace la evidencia y la esperanza que traen personas, mujeres en este caso, que modifican la institución universitaria haciendo que los rumbos por los que discurre su historia vayan cambiando en direcciones distintas. Son heroínas epistémicas, como afirma José Medina en su libro The Epistemology of Resistance, voces que se atreven a decir con tono moderado y timbre sostenido lo inaudito, lo que no había sido escuchado en las aulas universitarias. No son voces que enuncien eslóganes y clichés sino pensadoras que nos descubren los rincones oscuros de la cultura contemporánea. Son autoras que están modificando desde la academia lo académico; que están haciendo una llave de judo al sistema desde su excelencia investigadora y que están produciendo incontestables innovaciones (pues de eso se trata al final, de innovaciones), aunque sean innovaciones sociales que habrán de ser consideradas en la historia de los cambios sociales.

La primera en mi pequeña lista es Judith Butler, una filósofa que puso en crisis las identidades sexuales (El género en disputa, Cuerpos que importan), que más tarde puso en crisis las identidades culturales (una judía newyorkina contra la política de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio (Quienes merecen ser llorados, Marcos de guerra), que más recientemente ha criticado las identidades personales (La vida psíquica del poder, Dar cuenta de sí misma). No podrían entenderse muchos de los movimientos sociales contemporáneos sin las ideas de Judith Butler. Ha resistido todo tipo de ataques de la academia, algunos muy sucios como los de Martha Nussbaum, pero hoy puede afirmarse que la agenda intelectual académica ya no puede entenderse sin su pensamiento. No se ha pasado a las filas del periodismo más o menos intelectual, que ahora compite cada vez más con la universidad. Ha mantenido la esperanza de que las instituciones pueden ser cambiadas si las reutilizamos adecuadamente.





Mi segundo ejemplo es Miranda Fricker, una joven epistemóloga que con un libro valiente Epistemic Injustice, ha cambiado el rumbo de la epistemología contemporánea abriendo la nueva ruta de la epistemología política. Cuando lo publicó, en el 2007, junto con Jesús Vega montamos un taller sobre él, donde pude comprobar cómo las nuevas ideas son primero recibidas con distancia y perplejidad. Como si la idea de injusticia epistémica no fuese más que una figura retórica. Si hoy se abre cualquier buscador académico, "epistemic injustice" indica una larguísima lista de artículos y monográficos de revistas de filosofía, sociología, política y educación. La misma discusión de las relaciones entre epistemología  y democracia, que antes era llevada a cabo por una élite de politólogos asépticos, ha quedado desbordada por la sospecha de que una parte sustancial de nuestras desigualdades incluyan una injusticia básica hacia la voz de los excluidos y excluidas. Pocas innovaciones van a ser tan importantes en los próximos años.


Mi tercer ejemplo es el de Sally Hasslanger, catedrática en el exclusivo departamento de Filosofía y Lingüística del MIT, la cuna de la filosofía analítica más dura. Su libro Resisting Reality. Social Construction and Social Reality está cambiando los modos de ver cómo el patriarcalismo se incardina en los intersticios de nuestro lenguaje. Nada tienen que ver sus trabajos con las superficialidades de lo políticamente correcto que deja intacto el poder masculino en el discurso. Hasslanger está transformando el marco desde el que cabe pensar las relaciones entre poder y lenguaje sin acudir a los clichés. En el poderoso laboratorio de innovaciones que es el MIT, la voz tranquila de esta investigadora está produciendo cambios que recuerdan a Chomsky (otro de los que no renunciaron a cambiar la universidad desde dentro)


Mi cuarto ejemplo es Remedios Zafra, profesora de la Universidad de Sevilla, refugiada en un Departamento de Didáctica de la expresión artística, cuando es una de las grandes pensadoras de lo visual, de la cultura mediática y de la posibilidad del feminismo en un mundo tecnológico. Netianas, Un cuarto propio conectado, (H)adas. Mujeres que crean, programan, prosumen, teclean, Ojos y capital... son libros que movilizan el pensamiento sobre el poder de la imagen sobre nuestra sociedad, que crean posibilidades de resistencia. He podido comprobar, y mucho más los alumnos y alumnas, en nuestro máster la capacidad de innovación docente, de implicación y transformación y la atmósfera de pasión por la creación que produce su actuación como profesora. Y he aprendido más de lo que podría expresar sobre cómo puede ser posible un pensamiento alternativo en la era tecnológica.



No dejemos de confiar en la capacidad de las personas para cambiar las instituciones. No dejemos de confiar en su capacidad de resistencia para no ser cambiadas por las instituciones. Han sido mujeres de las de antes, de las de ahora, quienes están mostrando cómo puede hacerse sin usar viejas recetas que nada cocinan en los nuevos campus neoliberales.




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