domingo, 25 de abril de 2021

La pasión del holobionte

 




¿Cómo entender las fronteras entre humanos y otros?  Rosi Braidotti, en su programa posthumanista crítico del humanismo tradicional, define los "humanos" por lo que no son: no son mujeres, no son razas inferiores, no son animales, no son cíborgs,...  Ser humano es, diría Braidotti, estar en el lado superior de la cadena del ser, ocupar puestos de mando que conceden derechos de uso y propiedad sobre el resto de las cosas, entre las que se encuentran seres intermedios como las razas inferiores, los géneros inferiores, las clases y culturas inferiores, los instrumentos, máquinas y dispositivos inferiores y, por descontado, las cosas animadas e inanimadas, inferiores por naturaleza y definición.

No le faltan razones a Braidotti, como no le han faltado a las filosofías críticas con el humanismo, el deleuzismo spinozista que ella profesa, u otras formas de eco-feminismo-socialismo como el que defiende Donna Haraway. No,  tiene razón en los velos de ignorancia que han cubierto las miradas y declaraciones que han ido constituyendo los discursos abstractos de la filosofía moral y política modernas, compatibles y aún justificadores del esclavismo, el patriarcalismo, el extractivismo y destrucción medioambiental, de guerras en nombre del humanismo y de daños sin cuento. Cierto, son razones sólidas, pero quizás, como juzgó Borges de los argumentos de Hume contra la causalidad, "no admiten la menor réplica ni producen la menor convicción".  Parecería que levantando un alzado de la ruina, nombrando los daños y destrucciones, no es difícil identificar al culpable, señalar al victimario, acusar al "humano" de todo lo que al resto de la naturaleza le ha ocurrido desde el Pleistoceno. 

En el trasfondo de Braidotti están las tesis sobre los cuerpos sin órganos, producciones deseantes de Deleuze y Guattari, y más allá los procesos de individuación que Simondon adscribía a todos los seres, incluyendo las máquinas y, en el último de los horizontes, la visión spinoziana de seres que quieren ser, que están en continuo devenir, que persisten en ser. En la hermosa visión del universo de Spinoza, la vida tiende a la unión y a formar cuerpos, a persistir como forma de resistencia. Para ello, sostienen Deleuze y Guattari, mejor desaprender todo lo normativizado en las separaciones y fronteras de razones y pasiones, mejor impulsar la vida más allá de los órganos pre-programados, de las facultades y virtudes que han sido descritas como características definitorias del ser humano. 

No albergo la menor duda sobre el tesoro conceptual que Spinoza nos legó al entender el mundo como algo más que un mecanismo ciego de átomos que chocan y como un sistema de sistemas que tienden a persistir y lo hacen creando. Pero también esta metafísica está lastrada por los pesos conceptuales. Spinoza anticipa en su concepción de la fuerza del deseo todo lo que el romanticismo descubrirá como unidad y transformación de las fuerzas, que habrían de llevar a construir la noción de energía, que, a su vez, está como concepto dominante en Freud y en toda la tradición psicoanalítica. 

Hay una línea continua entre Spinoza, el romanticismo de la energía y las filosofías del deseo y la persistencia. No es una línea equivocada, habla de la naturaleza como un proceso impulsado por fuerzas que se transforman y conservan. Diríamos que es la línea que une la filosofía más ancestral con el nacimiento de la termodinámica, y especialmente de la ley de conservación de la energía cuya construcción más interesante es la de sistemas en equilibrio termodinámico, base conceptual de algunas concepciones de la ecología. 

La otra línea o "themata" que recorre la física y la metafísica, que aún no ha recibido la misma atención, que quizá no tenga aún suficientes recursos conceptuales, es la que nace de la idea de complejidad, que mantiene una extraña relación con la metafísica de la energía. Spinoza no conoció a Darwin y no pudo hacerse las preguntas que le llevaron a pensar un mundo no newtoniano. ¿Cómo fue posible el orden a partir del caos?, ¿cómo fueron posibles los organismos a partir de moléculas auto-replicantes y auto-catalíticas?, ¿cómo se crearon las dependencias ilimitadas entre organismos e intraorganismos? La termodinámica del no equilibrio, la teoría de los procesos que ocurren teniendo en cuenta la heterogeneidad, lo localmente significativo, aún no ha producido los mismos efectos en el imaginario filosófico que produjo la idea de energía, que llevó a los médicos alemanes a crear la idea de Bauplan y a los filósofos la de orden y plan del universo y la historia que nace de las fuerzas creadoras que siguen una dirección.

Pensemos un organismo como un holobionte, como un ensamblamiento de partes que tienen dinámicas heterogéneas: algunas dirigidas por la información contenida en los genomas de las células, de las simples trabajadoras de los tejidos o las creadoras células-madre. Otras dinámicas provienen de la interacción continua con el medio: respiración, intercambios energéticos, metabolismos, ... Otras, de las dinámicas de dependencia intra-orgánica entre los órganos y los simbiontes que los habitan: sistemas inmunológicos que recorren el organismo detectando y destruyendo, a veces a las propias células del organismo que habrían de proteger; bacterias que crean un medio interno en el que son posibles procesos metabólicos (transformaciones, traduciendo el término griego) que sin ellas no serían posibles y harían inviables los organismos. Dependencias con otros organismos como la crianza materna o la protección y adiestramiento del grupo, o dependencias más ciegas y básicas como las que existen entre depredadores y presas. En un mundo darwiniano son tan importante los deseos de persistencia como la dependencias de las complejidades destructoras. Las ecuaciones de Lotka-Volterra nos explican cómo las águilas y los conejos crean ciclos cuasi-estables. Sin depredadores naturales, como ocurrió en Australia, los conejos se convierten es destructores ciegos del suelo y productores de desertización. 

Si con la energía y la pasión llegó la fuerza creadora, con la complejidad llegaron los significados, los puntos de inflexión en los procesos de complejidad, la aparición de heterogeneidades y signos que indican irreversibilidades, órdenes, formas. Tienen razón las posthumanistas críticas en que lo humano fue definido por sus otros. Pero no es fácil identificar a los otros ni cuáles fueron sus efectos. Es parte de la pasión del holobionte saberse un ensamblamiento contingente. Es cierto que los humanos se desenvolvieron como depredadores de sus otros. Y también que evolucionaron bajo la presión de ser presas de otros depredadores grandes y pequeños. Todos estos largos relatos siguen siendo relatos a pesar de que el posmodernismo haya decretado la abolición de los grandes relatos. En la complejidad, relatos y conceptos se necesitan mutuamente, como lo hacen las normas y los hechos: los hechos producen dinámicas, las normas puntos fijos e irreversibilidades, como el "nunca más". 

Todo fluye, pero la realidad no es un río sino un inmenso delta lleno de recovecos, de mangales y nichos mínimos donde ocurren los significados. 



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