En las raíces y tronco del sentido y el significado están
las emociones, son la savia que los alimenta. Las emociones, los afectos todos,
son el modo en que el cuerpo se hace cargo del mundo y de sí mismo y modela la
conciencia y la inteligencia, la memoria y la imaginación, los vínculos con
otros cuerpos y con otras almas. También por ello el cuerpo social. Toda acción
comunicativa es acción afectiva, afectos en acción, actos emotivos.
En la doble dimensión de motor del alma y cemento de la
sociedad, las afecciones están destinadas a ser el más poderoso instrumento
mediante el que la cultura modela las situaciones históricas, que, a su vez,
modulan el modo en que la gente siente los afectos y nombra las emociones. Las
transformaciones que sufren, como objetos y sujetos de la cultura, permiten que
las personas se comuniquen incluso antes de entender bien lo que están
transmitiéndose entre ellas, pues la estructura de sentimiento es,
afirma Raymond Williams con certera metáfora, es como una sustancia en solución
que produce cambios pero que aún no ha precipitado en un sólido en el fondo de
la redoma.
En cada momento histórico y espacio geográfico y social cada
persona, como individuo o como parte de una comunidad entiende su propia
circunstancia y da sentido a su experiencia en un marco de palabras,
costumbres, rituales e imaginarios que le permiten ubicarse en el mundo. Este
marco es a un tiempo estructural y cambiante, reproduciéndose a sí mismo en una
continua transformación de conflictos y consensos. La estructura de sentimiento
es la parte moviente del marco cultural en el que se origina el sentido.
Anticipa lo que serán los significados estables de las palabras y las marcas
del reconocimiento de los otros: de sus intenciones, actos y proyectos. Sin una
estructura común de sentimiento, los que quedan fuera tienden a ser
objetivizados, gente a la que no se entiende y que no pertenece al grupo
humano.
Aunque Williams consideraba la estructura de sentimiento
como una alternativa cultural a lo que en el marxismo ortodoxo se denominaba
“superestructura”, la parte afectiva del concepto debe ser acentuada e
incorporar a ella las ideas de regímenes emocionales y comunidades
emocionales que se han propuesto en historia y sociología de las emociones.
La estructura de sentimiento contiene regiones dominantes, residuales y
emergentes, que tienen mucho que ver con cambios y conflictos que se
manifiestan en las formas de vida, los valores y los modos de ver y actuar. En
ellas, las reacciones viscerales son modeladas cultural y sociológicamente y
modulan la parte común, universal, de las emociones. En ellas se producen las
dominaciones, consensos, resistencias y transformaciones que precipitarán en
formas estables de las culturas en cada coyuntura histórica.
Teniendo una misma trayectoria evolutiva y tanta uniformidad
fisiológica como tiene la especie humana, y siendo las emociones una parte
esencial de los sistemas de homeostasis corporal, hay que admitir un cierto
universalismo como condición de comprensión y reconocimiento, y de cierta
potencia normativa, que nos permita al menos considerar las condiciones en las
que podemos juzgar y ocasionalmente atender a los estados afectivos de otros.
¿Cómo, si no, sería posible hacer una crítica de prácticas crueles como las
corridas de toros y contradecir el argumento de que el toro no siente dolor?,
¿cómo, si no, desde una perspectiva feminista, podría criticarse la atmósfera
emocional que crea la familia y la sociedad patriarcal? Pero al tiempo tenemos
la evidencia de la diversidad de términos de emoción en diversas culturas
(algunos ejemplos que se han usado en ocasiones es la “vergüenza ajena” del
español, tan difícil de traducir a otras lenguas, o la “saudade” portuguesa y
la “morriña” gallega, de tan difícil traducción al español). No es solo que la
diversidad cultural produzca diversidad de reconocimientos y categorización de
las emociones, sino que la propia mente está mal preparada para entender cuál
es la emoción, pasión, sentimiento o estado afectivo que está sufriendo el
cuerpo. Cualquiera de las emociones más comunes como el miedo, la ira, el
resentimiento, la excitación sexual y el amor son usualmente mal entendidas en
primera persona, dado que las manifestaciones son a veces contradictorias entre
la fenomenología y las expresiones fisiológicas. Un enrojecimiento de la piel
puede entenderse en segunda persona como un signo de que la otra parte siente
vergüenza, o quizás siente atracción erótica. Y la experiencia con los
maltratadores es que su miedo a la libertad de su pareja se siente como ira, no
en un proceso causal, sino en la misma activación de la emoción.
William M. Reddy, un historiador de las emociones, buscando
un equilibrio en la evolución entre lo biológico y lo cultural, ha propuesto la
idea de régimen emocional para dar cuenta de cómo la cultura hegemónica
tiende a imponer reacciones viscerales, emociones que son normativas tanto en
los actos de habla como en los rituales diarios, complejos de emociones
manifiestas que se consideran aceptables y contribuyen a reproducir y
estabilizar el sistema. Los estados autoritarios han sido los más proclives a
imponer estos regímenes. La vida cotidiana se configura en ellos admitiendo o
reprimiendo reacciones emocionales. Manuel Vázquez Montalbán captó la cultura
del franquismo con la expresión de “a España le huelen los pies”, en una
sinestesia que evoca la atmósfera emocional que regimentaba el día a día y la
noche a noche de aquellas décadas.
¿Cómo se generan las resistencias en regímenes
emocionalmente agobiantes? En el tono atemorizado en el que discurren las vidas
muchos grupos encuentran o construyen refugios emocionales, en diversos modos
oblicuos para evitar la represión, que se manifiestan en rituales,
agrupamientos u organizaciones informales o formales que proporcionan espacios
seguros ajenos a las normas emocionales prevalecientes, que permiten la
relajación del esfuerzo emocional y que, con o sin el recurso a una ideología,
amenazan el régimen emocional y crean modos emergentes de afectos. Gramsci afirmaba
que las fiestas religiosas de los campesinos del sur de Italia eran refugios resistentes
y emocionales que discurrían en paralelo, si no en contra, de la significación
piadosa. Encontramos estos refugios por doquier, pero sin duda han sido los
movimientos suburbanos y sus músicas, vestimentas y danzas las mejores
expresiones de estas zonas seguras afectivas.
Estos refugios emocionales acogen y forman comunidades
emocionales (el término proviene de la historiadora de las emociones
Barbara Rosenwein). Son grupos, a veces marginales a veces élites dominantes,
que desarrollan pautas emocionales que influyen en sus comportamientos y
objetivos. Historiadores de la resistencia cultural como E. P. Thompson en La
formación de la clase obrera inglesa, o Stuart Hall en Resistencia
mediante rituales analizaron estas prácticas, el primero atendiendo a los
muros emocionales que la clase obrera inglesa comenzó a crear frente a las
clases aristocráticas al comienzo de la revolución industrial, el segundo a los
procesos de resistencia en la juventud suburbana de los años cincuenta y
sesenta, cuando comenzaron a aparecer los límites emocionales del presunto
estado del bienestar.
Que el capitalismo comercial y muchos poderes políticos
hagan un uso bastante eficaz para sus intereses de la energía emocional, en
complejos modos de producción de deseo y ansiedad, atención y depresión, y que
la producción de regímenes emocionales sea un recurso que comenzó en las formas
brutales de la Alemania Nazi con su uso y teorización de la propaganda, pero
que ha continuado en las muchas modalidades de manipulación afectiva que
permite la tecnología contemporánea, muestran cuán productivos políticamente son
estos regímenes y comunidades emocionales en la configuración de la estructura
de sentimiento contemporánea. Son formas de colonización que no ejercen una represión
explícita, sino que, precisamente por la complejidad de los estados afectivos,
se manifiestan en formas caleidoscópicas que parecen recordar el consejo de Darth
Vader a Luke Skywalker de abandonarse a la ira y la venganza para caer al lado
oscuro de la Fuerza. Tal es la causa y el efecto de la polarización
estratégicamente programada.
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