Corto y pego aquí varias entradas de FaceBook que he ido hilando a propósito del "caso Errejón", un descubrimiento (uno más) de que gente en la que confiaste y admiraste tenía otro lado tenebroso en el que se valía de su poder para aplastar. El daño psicológico a las víctimas se une con el daño colectivo a todos los movimientos y gente que representaba. Irresponsabilidad, inconsciencia, insolencia, ..., no sé las causas psicológicas o políticas, pero sí las consecuencias. El texto que sigue no es muy coherente, no he querido modificar las entradas:
Lo que sí necesitamos es mirar no hacia arriba sino hacia los lados, crear redes, seguir hablando y sobre todo aprender a escuchar, incluso lo que no es dicho o es dicho de forma contradictoria. Y seguir pensando también en que el verdadero desorden no es el que se manifiesta en lo superficial, sino en las estructuras básicas del mundo.
Es un desastre, sí, el comportamiento vergonzoso de algunos líderes. Pero también lo es que con la anuencia de la izquierda se pueda aumentar la financiación de la enseñanza concertada, porque eso también es un signo de desorientación.
La gente que vive en el espacio del poder y la dominación está a medio camino entre lo que cabría, sí, llamar una enfermedad (sin que eso signifique una disculpa) y una desorientación profunda en la vida. Cuando vemos las vidas torcidas de quienes llegan a la vejez y han disfrutado o disfrutan de tanto poder (pienso en los Trump, en los Felipe González, y quizá con él en una generación de poderosos en sus últimos días), solo veo irritación, resentimiento, intentos de refugiarse en sus riquezas y superioridad, sus casas, yates, aduladores y demás. En algún sentido, lo que llamamos revolución debería ser mostrar que el otro mundo posible es el mundo que ya tenemos cuando esté libre de esa gente.
La irresponsabilidad política crea irreversibilidades de plazo largo y ondas profundas de conmoción. Cuanto más poder político se tiene, y se disfruta, tanto mayor es la responsabilidad que se contrae y, por eso, aunque entiendo que haya muchas intervenciones que traten de limitar las responsabilidades a lo personal, creo que esta segunda dimensión no puede dejarse a un lado. Bien es cierto que me escandaliza igualmente esta lucha cainita que ha surgido en redes y prensa por exigir caídas, cuando el problema es y ha sido históricamente la irrelevancia que tienen en los partidos (¡ay! también en la izquierda) las comisiones e instituciones de control interno del comportamiento ético. Así que espero que se saque alguna experiencia y enseñanza de todo esto.




